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Whatsapp y la guerra de precios de las telefónicas

Las 'telecos' han tirado la toalla frente al dominio de los mensajes gratuitos. Su única salida: subir precios. Las 'telecos' han tirado la toalla frente al dominio de los mensajes gratuitos. Su única salida: subir precios.

¿Qué tiene WhatsApp que no tengan las telefónicas? ¿Por qué los gigantes dueños de las redes no logran hacerle sombra? ¿Por qué hasta las abuelas han aprendido a pronunciar tan bien esa marca extranjera que se ha aceptado como sinónimo de mensaje? La respuesta es un número: 1.000 millones de usuarios a nivel mundial. Y no se alcanza de un día para otro.

El caso español es paradigmático. Precisamente el año que nació WhatsApp, 2009, en España pasó a ser más caro enviar un SMS dentro del país que si se enviaba desde el extranjero. ¿Cómo es posible? Ese año Europa puso tope a las tarifas en roaming (servicios telefónicos fuera del país), pero en los precios nacionales no podía intervenir. Las telefónicas se aferraron entonces al pastel de los mensajes, que en 2009 les reportó 1.600 millones de euros.

Pero todo cambió a partir de ese año. En 2014 (último dato anual completo de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), las telefónicas facturaron 300 millones por SMS. Y bajando. Hoy, el 70,2% de los españoles usa WhatsApp, según el barómetro del CIS de febrero. De ellos, el 42,3% reconoce consultarlo continuamente y otro 47,4%, varias veces al día.

«Las telefónicas han sido tan lentas que han permitido que ocurra lo que suele pasar con los productos digitales, donde lo importante no es tanto la tecnología como la acumulación de usuarios que se acostumbran a ella. Es el network effect», comenta Francesc Carreras Comes, profesor de Marketing de Esade. En España y otros muchos países ha ocurrido con WhatsApp. En EEUU gana de largo Messenger. Y si eres de Corea del Sur, te conectarás con Kakao Talk, lo que usa todo el mundo. Mientras, las telecos han intentado prácticamente de todo para parar -o emular- el fenómeno de los mensajes gratuitos.

Primera batalla: imitar. Movistar, Vodafone y Orange lanzaron a finales de 2012 una aplicación basada en Rich Communications Suite (RCS), un estándar que permite enviar mensajes, llamadas, vídeos y ficheros adjuntos, para intentar competir con WhatsApp. Joyn, el invento de las operadoras, lanzado en España en 2012 por Vodafone, Movistar y Orange, fracasó estrepitosamente. «Las soluciones que llegan más tarde, aunque estén basadas en una tecnología mejor, suelen fracasar frente a la fuerza de lo ya existente», explica el profesor Carreras. Y tampoco es que pusieran mucho entusiasmo en su propio WhatsApp (relanzado en febrero de este año, esta vez con Google como aliado). Tendrían que competir por el producto gratuito y ése no es su negocio.

En cambio, sí es el negocio de Facebook, que compró WhatsApp por 19.000 millones de dólares en 2014 y sigue diciendo a sus inversores que no tengan prisa por ver ingresos. Antes quiere más clientes, muchos más. Facebook no es una teleco, es una empresa de publicidad. La potencia de WhatsApp, unida a Messenger (propiedad también de la compañía de Zuckerberg) y al propio Facebook será en unos años la mayor palanca de ingresos basados en publicidad segmentada del mundo, dicen los analistas.

Segunda batalla: hacer lobby. Cada vez que tienen ocasión, las telefónicas piden que la regulación no permita que los grandes de internet sigan en un limbo regulatorio. Piden un marco normativo europeo que ate en corto a estas empresas que, según el argumentario tan básico como certero de las telefónicas, no dan casi empleo, no invierten en las redes por las que pasan, ni pagan impuestos en el Viejo Continente.

La madre de todas las batallas: subir las tarifas de sus servicios. Quien piense que las telefónicas han compensado con las conexiones a internet lo que han dejado de ingresar por otros servicios se equivoca. Según la CNMC, los ingresos por llamadas y mensajes móviles en 2014 fueron 7.800 millones menos que en 2008. Al mismo tiempo, la facturación anual por servicios de banda ancha móvil sólo ha aumentado en 2.500 millones. La crisis exacerbó la competencia, provocando una guerra de precios que minó los resultados y que vino a unirse al éxito de los servicios sustitutivos como el de WhatsApp.

El nuevo problema es que las telefónicas no tienen ni idea de dónde está el horizonte de la mensajería instantánea. Desde el pasado ejercicio, WhatsApp permite llamadas a través de internet. Es algo que ya hacían Facebook, Skype y otras aplicaciones. En España su uso en el móvil es aún muy limitado (no llega al 2% del tráfico de datos móviles, según fuentes de las operadoras) pero, con el potencial de crecimiento de WhatsApp, las telefónicas pueden equivocarse de nuevo si infravaloran sus posibilidades. Ése sería otro bocado tremendo a sus ingresos.

Un estudio de KPMG les advierte del fenómeno de los OTT (siglas del inglés over the top, referidas a terceros que prestan servicios a través de internet) y los riesgos de ir perdiendo la vinculación con el usuario para un mayor número de servicios. ¿Qué hacer? Hay un arma que sigue en su mano: la Red. Si no paga el que está en un extremo de la línea, que pague el otro: el consumidor.

Tras un proceso de compra de empresas que ha servido para eliminar competidores, el año pasado las telecos ya se plantearon subir tarifas. La tendencia no para ni es sólo cosa del móvil, menos aún en un mundo donde la frontera entre móvil y fijo está cada vez más diluida y lo común son los contratos que incluyen móvil, fijo y TV.

Dicen las telefónicas que lo que hacen no es subir precios, sino «reposicionarse» porque ofrecen algo a cambio: mayor cantidad de datos, mayor velocidad, conexiones a internet desde el extranjero o canales de TDT. ¿Es posible permanecer en la tarifa anterior? La respuesta es no. Suben para todos los clientes, los que viajan al extranjero y los que no, los que sobrepasan su límite de datos y los que nunca lo alcanzan. Suben, aunque casi nadie compruebe si la velocidad prometida se cumple. La última subida, realizada por Movistar, Orange y Vodafone este año, se sitúa entre dos y tres euros al mes. Nuestro amor por WhatsApp, Youtube y Google nos va a salir cada vez más caro.

 
(fuente: http://www.elmundo.es/papel/todologia/2016/04/26/571e1e1a268e3e37528b4595.html)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 


 

 
 
 
 
 

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